Fede

… creo que el aprendizaje más importante que adquirí en este primer año es que no importa si sos gordo o flaco, bajo o alto, no importa tu religión ni tu nacionalidad, no importan tus tendencias sexuales ni tu color de piel, todos y cada uno de nosotros tenemos algo para entregar, y estamos ansiosos por recibir, todos tenemos algo para enseñar y compartir y estamos abiertos a nuevos aprendizajes, todos tenemos nuestras historias y nuestros afectos y lo que es aún más importante, todos tenemos la sangre roja y todos respiramos del mismo aire.

Federico Exequiel Wettstein Ceretti, de Salta Capital
Colegio UWC Costa Rica 2014-2016

Discurso leído por Federico durante la ceremonia de presentación de los Estudiantes UWC Argentina 2015:

Domingo 17 de agosto de 2014. Después de aproximadamente 30 minutos en la combi ploteada con carteles de United World College Costa Rica, por fin llegamos al campus del colegio. Imaginé esta ocasión incontables veces y de incontables maneras distintas. Lo único que tenían en común todos estos elementos imaginados, era la magia de este momento. En todas estas creaciones de mi imaginación yo me presentaba como alguien súper hablador y de inmediato comenzaba a entablar conversaciones profundas con mis compañeros y segundos años provenientes de todo el mundo.

Pero debo decirles que este día no fue exactamente lo que esperaba. Por supuesto, este momento contó con toda la magia que había imaginado y mucho más. El único detalle es que no pude ser tan hablador y entablar esas profundas conversaciones debido a que mis conocimientos en la lengua anglosajona se reducían a frases simples al estilo de “I’m Federico from Argentina” o “the cat is under the table”.

Al principio está barrera idiomática me llevó a crear un abismo insorteable entre el 75% de mis compañeros que no hablaban español y yo. Cuando fui consciente de cuan precario era mi inglés, opté por evitar las conversaciones en este idioma y me limité a relacionarme con la población hispanohablante del campus. Y fue en este punto donde descubrí que estaba en UWC y no en colegio secundario salteño.

Por supuesto que hacer comparaciones en la mayoría de los casos es poco sano y por ende debe evitarse. No obstante, seguiré con la idea. Presumo, que de haberse presentado la misma situación en mi colegio secundario en Salta, la reacción del cuerpo estudiantil hubiese sido ignorar o dejar de lado a este individuo con complicaciones en el manejo del idioma predominante. Por suerte, en UWC Costa Rica, los hechos se desarrollaron de una manera completamente inesperada para mí.

Este abismo “insorteable” que yo había creado, fue rápidamente superado por este 75% de chicos no hispanohablantes. ¿De qué manera? De las más diversas. Desde el infaltable pero muy falible lenguaje de señas hasta esfuerzos sobrehumanos por hablar una lengua que no te era familiar.

Por ejemplo, durante mi primer año, compartí mi habitación con un chico de Brasil y uno de Suiza. Pietro, el brasilero, daba todo de sí por hablarme en español y ayudarme con el proceso de adaptación. Y con Dustin, el suizo, no nos quedó otra más que recurrir a las señas. A la hora de dormir, yo le señalaba la luz, y si el asentía, yo iba y apagaba la luz.

Anécdotas como ésta, malos entendidos y momentos incómodos los hay en cantidades inconmensurables y todo productos de mis dificultades con el inglés. Sin embargo, hoy en día no recuerdo estos episodios con pena o vergüenza. ¡Al contrario! Pensar en ellos me llena de alegría y automáticamente dibuja una sonrisa en mi rostro. ¿Por qué? Porque me ayudó a descubrir una comunidad que abraza, no una que rechaza, me ayudó a descubrir que jamás fui mejor o peor que mis compañeros por no ser políglota, simplemente me hizo diferente. Y es en esta diferencia que yo encontré la riqueza y lo invaluable de mi experiencia. Estamos acostumbrados a percibir lo diferente y lo desconocido con recelo. Sin embargo, en estas diferencias, en esta diversidad fue que yo hallé y construí mi vida diaria en UWC Costa Rica.

Es así que este apoyo con el inglés es tan solo una minúscula parte de todo lo que recibí de la comunidad de UWC Costa Rica. Porque más que ser un grupo de estudiantes y profesores viviendo juntos, somos eso, una comunidad. Una comunidad que comparte sus penas y sus alegrías, una comunidad que a prueba y error está en constante evolución y crecimiento, una comunidad de la que me enorgullece formar parte.

Retomando este domingo 17 de agosto, debo confesarles que al principio, la distancia me daba miedo. Dejar atrás familia, amigos, costumbres y tantas otras cosas por un lugar completamente nuevo lleno de desconocidos donde iba a estar solo. Sin embargo, nuevamente, estaba terriblemente equivocado porque nunca estuve solo. O más bien, todos estábamos solos y al estarlo, ninguno realmente lo estaba. De esta manera, nuestra comunidad en Costa Rica desarrolló un sentido de empatía y apoyo mutuo que difícilmente haya podido encontrar en otro lado. Y esta empatía y apoyo fueron producto de que sin importar cuan distintos o diversos fuésemos, todos estábamos pasando, en mayor o menor medida, por lo mismo.

Y a modo de conclusión, creo que el aprendizaje más importante que adquirí en este primer año es que no importa si sos gordo o flaco, enano o alto, no importa tu religión ni tu nacionalidad, no importan tus tendencias sexuales ni tu color de piel, todos y cada uno de nosotros tenemos algo para entregar, y estamos ansiosos por recibir, todos tenemos algo para enseñar y compartir y estamos abiertos a nuevos aprendizajes, todos tenemos nuestras historias y nuestros afectos y lo que es aún más importante, todos tenemos la sangre roja y todos respiramos del mismo aire.